Yolanda Díaz se ha sentido violentada porque un reportero le ha comentado que cada vez está más guapa. No deja de ser una adulación objetiva pues si aspecto desaliñado ha ido mejorando seguramente aconsejada por sus consejeros, valga la redundancia, de imagen. Seguramente el periodista solo intentaba conseguir algún favoritismo informativo. De todos es bien sabido que a una mujer se la adula con este tipo de comentarios ya venga de un hombre o una mujer, siempre con el máximo decoro, claro.
Irene Montero ocultó en sus propias filas el acoso y baboseo de sus compañeros, se casó con su superior y lo utilizó de escalera para sus aspiraciones políticas. Engendró varios críos y se compró un casoplón a la par que iniciaba políticas de igualdad que no representan a una auténtica feminista sino mueve ordas empoderadas de ridįculas Todes empoderadas en cambiar la lingüística. Mujeres traumadas como ella, que se han desenvuelto en un ambiente machista y que ven el mundo bajo un prisma sesgado desarrollando políticas ridįculas nacidas de la frustración de no poder manejar ni su propia casa ni su ambiente laboral.
Señora Iglesias empodérese que las feministas huyen de ambientes tóxicos y machistas y entre los años 60 y 2000 conseguimos cosas tan importantes como el derecho al voto, la independencia y la protección del estado para víctimas de violencia que por razones de inferioridad física se llama de género.
El trabajo ya está hecho. No salgan usted y la señora Díaz con las exaltadas tóxicas a revindicar pechos al aire el derecho a llevar pelos en las axilas , el cabello de colores o que un preso con una orientación sexual cambiante protegido por sus leyes vaya pasando de practicar felaciones para comprar droga en una prisión de hombres a dejar embarazada a una presa en una de mujeres.
Feliz día de la MUJER. Compañera, madre, trabajadora, emprendedora, economista, psicóloga, pedagoga, conciliadora y muchos otros atributos que la diferencian del hombre. Porque sí, somos diferentes y si no lo fuéramos no existiría la humanidad. Copiar los peores atributos del hombre no nos equipara en nada más que en su parte más deleznable.
Señora Iglesias, arregle su casa.
Señora Díaz, modérese
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