Vivimos un mundo extraño donde parece que cada uno interpreta con libre albedrío y según sus conocimientos, sesgos, capacidad de escucha , atención, formalidad, entrega y trabajo cualquier acontecimiento ya sea cotidiano, informativo, laboral o hasta una simple notificación o reglas debidamente pautadas.
Estamos perdiendo la capacidad de atención sobre algo que nos perturbe más de cinco segundos. Lo vemos en las redes sociales dónde si seguimos los comentarios a un post la mayoría o no lo han leído completo o sus capacidades de entender algo sencillo están menguando pues redundan en preguntas ya cuya respuesta está expuesta en el enunciado o interpretan de forma histriónica el mismo.
Parece algo general, tanto a nivel conversacional cotidiana como en los gobiernos y en las administraciones.
Un buen ejemplo lo tenemos en Trump que dice lo primero que se le viene a la cabeza sin mucho razonar, luego lo contrario y después afirma que no tenía toda la información, con mucha suerte.
Pero también lo vemos en las administraciones donde depende mucho de quién te atienda para obtener una respuesta o otra, la solución o más dudas a tu consulta y no dejamos de dar vueltas en círculo hasta que encontramos alguien informado, con capacidad de escucha, atención y resolución aunque desafortunadamente no ocurre a menudo y resulta tristemente sorprendente. Pongo el ejemplo de las administraciones pero podemos aplicarlo a cualquier ámbito de la cotidianidad. Casi podríamos decir que ni la IA se salva puesto que sus archivos proceden de la información que un humano ha facilitado en algún momento en primera instancia.
Podríamos decir que así hasta se desatan las guerras. Si no tenemos la capacidad de interpretar la información que nos ofrecen nuestros cinco sentidos ¿como vamos a procersala adecuadamente?
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