domingo, 8 de diciembre de 2013

La Ley del karma. Física cuántica o la repercusión del movimiento - la causalidad

La repercusión del movimiento escenifica como las acciones van entrelazándose creando vínculos invisibles para alcanzar una causalidad que confundimos con casualidades. La película La Torre de Babel, escenifica claramente como una serie de acciones aisladas en diferentes continentes, en espacio y tiempo, y con protagonistas que a primera vista no están relacionados entre sí, acaban entrelazándose desencadenando acontecimientos a cuyo origen puede accederse mediante una regresión en el tiempo. Es una forma sencilla de explicar la importancia de la acción como desencadenante de un efecto inmediato o latente en tiempo y espacio que en las circunstancias adecuadas toma forma. A primera vista es posible no ver la correlación de sucesos que han participado activamente en el desenlace, pero si observamos detenidamente veremos que lo que a menudo juzgamos como una acción neutra, sin importancia, puede tener consecuencias imprevisibles, y que lo que creemos fuera de toda lógica no es otra cosa que la correlación de acciones que conforman con sus efectos nuevas causas que a su vez desembocarán en efectos y causas para nuevos efectos, sucesivamente, escapando a la percepción y a lógica humana pero sin carecer de esta última en una visión mucho más elaborada y profunda.

sábado, 7 de diciembre de 2013

El verdadero aspecto de todos los fenómenos

¿Cuántas realidades existen? A menudo nos sorprendemos viendo como una serie de acontecimientos son modificados al ser relatados por diferentes personas ya que los han percibido de forma diferente. Cada relato es una realidad tal como la vive el sujeto en cuestión. Nadie miente. Son realidades paralelas para explicar los mismos acontecimientos tal y como ha sido la percepción de cada uno dependiendo de múltiples factores exógenos y endógenos. Pero la realidad es una, única, concreta, y tan sólo perceptible al espectador objetivo que con la capacidad intrínseca de posicionarse al margen puede ver en todas sus perspectivas, globalmente, lo que cada participante relata desde un punto de vista unilateral e influenciado por múltiples particularidades que escapan de su visión, distorsionando su apreciación para favorecer realidades paralelas para adecuar la realidad más asimilable a las características del sujeto en estudio. Realidad sólo exite una, pero las interpretaciones pueden ser múltiples. Ciñámonos con objetividad a los hechos, al objetivo final de los mismos y al estado vital y el mundo desde el que emprendemos nuestras realidades cotidianas para saber si nuestra finalidad es crear valor en todas nuestras acciones o estamos haciendo partícipes de las mismas a motivaciones infames camufladas bajo el amparo de la benevolencia y la virtud. Y por último, seamos valientes y honestos para averiguar y ser conscientes de cuál es el verdadero objetivo de nuestras acciones sincerándonos con nosotros mismos. Sólo entonces podremos enfrentarnos al resto de la humanidad con autenticidad.

Los deseos mundanos llevan a la iluminación

En la mayoría de doctrinas enraizadas en el budismo se intenta arduamente eliminar los deseos, considerados la raíz del sufrimiento. Si bien es así y cada deseo trae consigo un sufrimiento consciente o inconsciente, por su obtención, los budistas de Sokka Gakkai oramos por nuestros deseos de tal forma que nuestra oración se convierte en el medio hábil mediante el cual y a través de la concentración y la práctica asidua, llegamos a una introspección cuyos resultados pueden ser sorprendentes. Durante la práctica, el rumbo de las pregarias está en constante cambio, fusionándose con el ritmo universal, y lo que en un momento dado era el motor de empuje para la oración pierde su importancia, relegándose en pos de algo mucho mayor, desvelando el origen del deseo. De repente cambia el significado adquiriendo la adecuada importancia, mostrando el sentido auténtico de la necesidad que lo ha impulsado. El resultado es llegar a la profundidad de las causas que originaron el deseo para sanar a nivel mucho más profundo y llegar al origen, la causa que lo originó percibiéndolo en su justa medida, con la importancia adecuada y su valor real, logrando encontrarnos a nosotros mismos y ver el mundo desde la perspectiva correcta ahuyentando la ilusión, con los ojos de "la iluminación".

¿Que hacemos con los apegos?

Debemos buscar la verdadera raíz de nuestros apegos. Únicamente cuando veamos cuál es el origen podremos enfrentarnos de la manera idónea percibiéndolos adecuadamente y con su valor real, sin el engaño de la mente creado por la ilusión, desde una realidad única, la única y no desde las ficciones creadas por la mente para asimilar realidades paralelas que impiden el crecimiento personal y justifican actitudes inasimilables para el propio juicio y orden de valores del sujeto que se muestra incapaz de hacer una introspección objetiva hacia la verdadera finalidad de sus acciones y pensamientos. El verdadero objetivo de nuestras acciones y el estado vital y mundo desde el que tomamos nuestras decisiones marca la diferencia entre un karma poisitivo o negativo.

Respecto al Karma

El pasado ya no está. El futuro está por llegar. Vivir en el presente significa vivir aquí y ahora, con la conciencia plena de que a cada paso creamos un futuro. Decimos que el karma nos persigue, sí, por la sencilla razón de que se trata del antiguo "aquí y ahora", dónde hemos creado nuestro actual presente. Debemos ser conscientes de que todo lo que vivimos ahora lo hemos creado en el pasado y asumir nuestra responsabilidad sobre las consecuencias. Es posible que el ambiente fuera un caldo de cultivo adecuado para justificar nuestras acciones en un sentido u otro, pero la responsabilidad de nuestras decisiones no las puede asumir el entorno. En última instancia han sido nuestras y han creado las causas para los efectos posteriores. Asumir la responsabilidad de nuestras decisiones nos enseña a ser consecuentes con nuestros actos pues son ellos la simiente de nuestra próxima cosecha, y a aprender a agradecer todo lo que tenemos pues se trata de lo que hemos creado, consciente o inconscientemente, con la acción o el pensamiento.

viernes, 6 de diciembre de 2013

La mejor salsa: el hambre y los donuts de diseño

Vivimos sumidos en una normalidad patológica, en un mundo caótico que se manifiesta ineludiblemente, en una sociedad enferma. Hemos perdido el norte de la realidad, y mediante realidades alternativas creadas a medida definimos los límites de una normalidad que está en constante flujo. Las personas no viven, como en una película de ficción que antecede a la realidad, ocupadas en hacer de su trabajo el intermediario económico para acceder a productos y necesidades creadas de una sociedad que valora cada vez más lo que se tiene y menos lo que se es. En la batalla por encontrar la felicidad, buscando erróneamente fuera y no dentro, el consumismo cobra un protagonismo impensable para generaciones anteriores. El vacío existencial y la carencia de valores se ha apoderado de una sociedad cada vez más ignorante e ingenua que intenta paliar sus devastadores efectos acumulando bienes de consumo. Las nuevas generaciones, ávidas del placer del consumo, incentivado desde la niñez por el entorno, intentan satisfacer deseo tras otro creyendo que en el siguiente encontrarán al fin una satisfacción duradera, rellenar ese vacío que tan sólo los más afortunados aciertan a vislumbrar. Las carencias de valores traspasa sus fronteras para convertirse en una desvalorización de todo lo que uno encuentra en su camino. La pérdida de la individualidad y la necesidad de pertenencia a un grupo quedan reflejadas en conductas uniformadas, que cada uno condiciona en su mente en el afán ilusionario de reclamar una individualidad imaginaria que le ofrecería el carisma con el que autocomplacerse, obviando, en una inconsciencia protectora, que si fuera real, ello le apartaría del grupo. La individualidad significaría la soledad y ello conllevaría hacer una introspección al interior dolorosa que no todos estamos dispuestos a afrontar. Llegar al interior adopta un significado profundo cuando se aprende la diferencia entre lo imprescindible y lo prescindible, porque sólo en ese momento es cuando cada cosa cobra su valor auténtico, un valor que nunca perdió pero que éramos incapaces de ver con toda su grandiosidad. Es entonces cuando las cosas sencillas a las que no le prestamos importancia adquieren el auténtico valor, descartando lo superfluo.
Por todo ello: la mejor salsa, el hambre.