Platón abogaba por el filósofo gobernante, puesto que los filósofos en su búsqueda de la verdad, el conocimiento y los entresijos del alma humana adquirían mayor dominio sobre la naturaleza racional, emocional e instintiva de su pequeño ego y actuaban y aconsejaban con una sabiduría imparcial, benévola e iluminada orientada al beneficio de la humanidad.
Platón creía que el gobernante justo, sabio y encaminado al bien era el filósofo y que el gobierno del pueblo no llevaría a otra cosa que a la perversión del orden y por consiguiente al desorden democrático o a la tiranía pues el hombre vive en conflicto consigo mismo, con su alrededor, con sus semejantes, con el medio ambiente, con las especies con las que cohabita y con todo lo que halla a su paso. El pensamiento colectivo no está más que plagado de los intereses individuales de cada grupo o individuo, dónde perseveran en la preservación de los privilegios individuales supeditándolos a los universales, y por todo ello el hombre común está incapacitado para asumir el poder sin ser corrompido por él.
En última instancia, no son las dificultades las que nos derrotan, sino nuestra propia debilidad. "Cada actividad vital sucede como resultado de algún estímulo exterior. Al mismo tiempo, la verdadera causa es la causa inherente dentro del ser humano".
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viernes, 7 de marzo de 2014
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