En última instancia, no son las dificultades las que nos derrotan, sino nuestra propia debilidad. "Cada actividad vital sucede como resultado de algún estímulo exterior. Al mismo tiempo, la verdadera causa es la causa inherente dentro del ser humano".
domingo, 13 de agosto de 2017
viernes, 16 de junio de 2017
miércoles, 7 de junio de 2017
martes, 30 de mayo de 2017
miércoles, 10 de mayo de 2017
La Serenidad
Un soberano de un gran reino se encontraba ya en una avanzada edad y quería asegurarse de que, antes de abandonar el mundo, le transmitía a su hijo una importante lección. A lo largo de las épocas más difíciles de su reinado, aquello había sido clave para mantenerse firme y conseguir que finalmente reinara en su país la paz y la armonía. Por alguna razón, el joven príncipe no acababa de entender lo que su padre le decía.
– Si, padre, comprendo que para ti es muy importante el equilibrio, pero creo que es más importante la astucia y el poder.
Un día cuando el rey cabalgaba con su corcel, tuvo una gran idea.
– Tal vez mi hijo no necesita que yo se lo repita más veces, sino verlo representado de alguna manera.
Llevado por un lógico entusiasmo, convocó a las personas más importantes de su corte en el salón principal del palacio.
– Quiero que se convoque un concurso de pintura, el más grande e importante que se haya nunca creado. Los pregoneros han de hacer saber en todos los lugares del mundo que se dará una extraordinaria recompensa al ganador del concurso.
– Majestad, preguntó uno de los nobles, ¿cuál es el tema del concurso?
– El tema es la serenidad, el equilibrio. Solo una orden os doy. Bajo ningún concepto rechacéis ninguna obra, por extraña que os parezca o por disgusto que os cause.
Aquellos nobles se alejaron sin entender muy bien la sorprendente instrucción que el rey les había dado.
De todos los lugares del mundo conocido acudieron maravillosos cuadros. Algunos de ellos mostraban mares en calma, otros cielos despejados en los que una bandada de pájaros planeaba creando una sensación de calma, paz y serenidad.
Los nobles estaban entusiasmados ante cuadros tan bellos.
– Sin duda su majestad el rey va a tener muy difícil elegir el cuadro ganador entre obras tan magníficas.
De repente, ante el asombro de todos, apareció un cuadro extrañísimo. Pintado con tonos oscuros y con escasa luminosidad, reflejaba un mar revuelto en plena tempestad en el que enormes olas golpeaban con violencia las rocas oscuras de un acantilado. El cielo aparecía cubierto de enormes y oscuros nubarrones.
Los nobles se miraron unos a otros sin salir de su incredulidad y pronto irrumpieron en burlas y carcajadas.
– Solo un demente podría haber acudido a un concurso sobre la serenidad con un cuadro como éste.
Estaban a punto de arrojarlo fuera de la sala cuando uno de los nobles se interpuso diciendo:
– Tenemos una orden del rey que no podemos desobedecer. Nos dijo que no se podía rechazar ningún cuadro por extraño que fuese. Aunque no hayamos entendido esta orden, procede de nuestro soberano y no podemos ignorarla.
– Está bien, dijo otro de los nobles, pero poned ese cuadro en aquel rincón, donde apenas se vea.
Llegó el día en el que su majestad el rey tenía que decidir cuál era el cuadro ganador. Al llegar al salón de la exposición su cara reflejaba un enorme júbilo y, sin embargo, a medida que iba viendo las distintas obras su rostro transmitía una creciente decepción.
– Majestad, ¿es que no os satisface ninguna de estas obras? Preguntó uno de los nobles.
– Si, si son muy hermosas, de eso no cabe duda, pero hay algo que a todas ellas les falta.
El rey había llegado al final de la exposición sin encontrar lo que tanto buscaba cuando, de repente, se fijó en un cuadro que asomaba en un rincón.
– ¿Qué es lo que hay allí que apenas se ve?
– Es otro cuadro majestad
– ¿Y por qué lo habéis colocado en un lugar tan apartado?
– Majestad, es un cuadro pintado por un demente, nosotros lo habríamos rechazado, pero siguiendo vuestras órdenes de aceptar todos los que llegaran, hemos decidido colocarlo en un rincón para que no empañe la belleza del conjunto.
El rey, que tenía una curiosidad natural, se acercó a ver aquel extraño cuadro, que, en efecto, resultaba difícil de entender. Entonces hizo algo que ninguno de los miembros de la corte había hecho y que era acercarse más y fijarse bien. Fue entonces cuando, súbitamente, todo su rostro se iluminó y, alzando la voz, declaró:
– Éste, éste es, sin duda, el cuadro ganador.
Los nobles se miraron unos a otros pensando que el rey había perdido la cabeza. Uno de ellos tímidamente le preguntó:
– Majestad, nunca hemos discutido vuestros dictámenes, pero ¿qué veis en ese cuadro para que lo declaréis ganador?
– No lo habéis visto bien, acercaos.
Cuando los nobles se acercaron, el rey les mostró algo entre las rocas. Era un pequeño nido donde había un pajarito recién nacido. La madre le daba de comer, completamente ajena a la tormenta que estaba teniendo lugar.
El rey les explicó qué era lo que tanto le ansiaba trasmitir a su hijo el príncipe.
– La serenidad no surge de vivir en las circunstancias ideales como reflejan los otros cuadros con sus mares en calma y sus cielos despejados. La serenidad es la capacidad de mantener centrada tu atención en medio de la dificultad, en aquello que para ti es una prioridad.
Del libro "Reinventarse" de Mario Alonso Puig.
– Si, padre, comprendo que para ti es muy importante el equilibrio, pero creo que es más importante la astucia y el poder.
Un día cuando el rey cabalgaba con su corcel, tuvo una gran idea.
– Tal vez mi hijo no necesita que yo se lo repita más veces, sino verlo representado de alguna manera.
Llevado por un lógico entusiasmo, convocó a las personas más importantes de su corte en el salón principal del palacio.
– Quiero que se convoque un concurso de pintura, el más grande e importante que se haya nunca creado. Los pregoneros han de hacer saber en todos los lugares del mundo que se dará una extraordinaria recompensa al ganador del concurso.
– Majestad, preguntó uno de los nobles, ¿cuál es el tema del concurso?
– El tema es la serenidad, el equilibrio. Solo una orden os doy. Bajo ningún concepto rechacéis ninguna obra, por extraña que os parezca o por disgusto que os cause.
Aquellos nobles se alejaron sin entender muy bien la sorprendente instrucción que el rey les había dado.
De todos los lugares del mundo conocido acudieron maravillosos cuadros. Algunos de ellos mostraban mares en calma, otros cielos despejados en los que una bandada de pájaros planeaba creando una sensación de calma, paz y serenidad.
Los nobles estaban entusiasmados ante cuadros tan bellos.
– Sin duda su majestad el rey va a tener muy difícil elegir el cuadro ganador entre obras tan magníficas.
De repente, ante el asombro de todos, apareció un cuadro extrañísimo. Pintado con tonos oscuros y con escasa luminosidad, reflejaba un mar revuelto en plena tempestad en el que enormes olas golpeaban con violencia las rocas oscuras de un acantilado. El cielo aparecía cubierto de enormes y oscuros nubarrones.
Los nobles se miraron unos a otros sin salir de su incredulidad y pronto irrumpieron en burlas y carcajadas.
– Solo un demente podría haber acudido a un concurso sobre la serenidad con un cuadro como éste.
Estaban a punto de arrojarlo fuera de la sala cuando uno de los nobles se interpuso diciendo:
– Tenemos una orden del rey que no podemos desobedecer. Nos dijo que no se podía rechazar ningún cuadro por extraño que fuese. Aunque no hayamos entendido esta orden, procede de nuestro soberano y no podemos ignorarla.
– Está bien, dijo otro de los nobles, pero poned ese cuadro en aquel rincón, donde apenas se vea.
Llegó el día en el que su majestad el rey tenía que decidir cuál era el cuadro ganador. Al llegar al salón de la exposición su cara reflejaba un enorme júbilo y, sin embargo, a medida que iba viendo las distintas obras su rostro transmitía una creciente decepción.
– Majestad, ¿es que no os satisface ninguna de estas obras? Preguntó uno de los nobles.
– Si, si son muy hermosas, de eso no cabe duda, pero hay algo que a todas ellas les falta.
El rey había llegado al final de la exposición sin encontrar lo que tanto buscaba cuando, de repente, se fijó en un cuadro que asomaba en un rincón.
– ¿Qué es lo que hay allí que apenas se ve?
– Es otro cuadro majestad
– ¿Y por qué lo habéis colocado en un lugar tan apartado?
– Majestad, es un cuadro pintado por un demente, nosotros lo habríamos rechazado, pero siguiendo vuestras órdenes de aceptar todos los que llegaran, hemos decidido colocarlo en un rincón para que no empañe la belleza del conjunto.
El rey, que tenía una curiosidad natural, se acercó a ver aquel extraño cuadro, que, en efecto, resultaba difícil de entender. Entonces hizo algo que ninguno de los miembros de la corte había hecho y que era acercarse más y fijarse bien. Fue entonces cuando, súbitamente, todo su rostro se iluminó y, alzando la voz, declaró:
– Éste, éste es, sin duda, el cuadro ganador.
Los nobles se miraron unos a otros pensando que el rey había perdido la cabeza. Uno de ellos tímidamente le preguntó:
– Majestad, nunca hemos discutido vuestros dictámenes, pero ¿qué veis en ese cuadro para que lo declaréis ganador?
– No lo habéis visto bien, acercaos.
Cuando los nobles se acercaron, el rey les mostró algo entre las rocas. Era un pequeño nido donde había un pajarito recién nacido. La madre le daba de comer, completamente ajena a la tormenta que estaba teniendo lugar.
El rey les explicó qué era lo que tanto le ansiaba trasmitir a su hijo el príncipe.
– La serenidad no surge de vivir en las circunstancias ideales como reflejan los otros cuadros con sus mares en calma y sus cielos despejados. La serenidad es la capacidad de mantener centrada tu atención en medio de la dificultad, en aquello que para ti es una prioridad.
Del libro "Reinventarse" de Mario Alonso Puig.
viernes, 24 de febrero de 2017
SÓLO SOMOS LIBRES CUANDO CONTROLAMOS NUESTRAS TENDENCIAS
Una tendencia es una predisposición del ánimo que está muy arraigada en nuestra forma de ser y forma parte de lo que llamaríamos "personalidad", subyaciendo en mayor o menor medida agazapada en nuestro inconsciente hasta que un estímulo externo o interno la hace brotar y descubrirse, ser visible o manifestarse de forma consciente.
El budismo nos muestra el camino para aprender a reconocer nuestras tendencias, aquellos retazos de nuestra digamos "personalidad" por los que divaga la mente humana en cada instante y a identificar cada una de estas emociones cuando aparece, reconociendo cuál de ellas predomina en cada momento, de que manera fluctúan y cuál de ellas prevalece por más tiempo o con mayor intensidad, tanto en nosotros como en los demás.
Identificar y controlar nuestras tendencias es primordial para ejercer la verdadera libertad sobre las decisiones que tomamos en nuestra vida a cada momento.
El budismo nos muestra el camino para aprender a reconocer nuestras tendencias, aquellos retazos de nuestra digamos "personalidad" por los que divaga la mente humana en cada instante y a identificar cada una de estas emociones cuando aparece, reconociendo cuál de ellas predomina en cada momento, de que manera fluctúan y cuál de ellas prevalece por más tiempo o con mayor intensidad, tanto en nosotros como en los demás.
Identificar y controlar nuestras tendencias es primordial para ejercer la verdadera libertad sobre las decisiones que tomamos en nuestra vida a cada momento.
martes, 15 de noviembre de 2016
PARA PENSAR
FRASES PARA PENSAR
"Escoja un trabajo que ame y no tendrá que trabajar ni un solo día en su vida". (Confucio)
No hay decisiones sin importancia: "El simple aleteo de una mariposa puede provocar un huracán del otro lado del mundo"
"El que domina a los otros es fuerte; el que se domina a sí mismo es poderoso" Lao-tsé
"Cuando veáis a un hombre sabio, pensad en igualar sus virtudes. Cuando veáis un hombre desprovisto de virtud, examinaos vosotros mismos" Confucio.
"El más elevado tipo de hombre, es el que obra antes de hablar y practica lo que profesa" Confucio.
"El sabio no enseña con palabras, sino con actos" Lao-tsé
————————————————————
DIÁLOGOS PARA PENSAR
Maestro, en varias partes del mundo hay conatos de guerra o guerra declarada. Que sucede? Acaso tienen razón los profetas y estamos en los días finales? Hijo, la humanidad desde que apareció ha estado en sus días finales. Lo que sucede no es nada nuevo. Mira y aprende: se amenazan, se mataran, y los sobrevivientes juraran que es la ultima guerra, y organizaran foros y crearan burocracias y darán discursos de paz, mientras sus ayudantes preparan en silencio la próxima Guerra. El humano es un animal lúdico: le gusta jugar, y su juego favorito es la guerra
Maestro, ¿hasta qué punto debo tomar en cuenta los consejos y la opinión de los demás? Hijo, los consejos siempre debes considerarlos, aunque sea para desecharlos, porque son la expresión de la experiencia ajena. En cuanto a las opiniones, nunca las consideres porque sólo expresan los intereses del que los da. A todo lo que venga de otro, declaraciones, opiniones, consejos, primero pásalos por el filtro de la razón y luego por el de tus propios intereses; en seguida, puedes usarlos o no
Maestro, desde una perspectiva zen, al final ¿Quién soy yo? Hij@, Es más fácil decirte quien no eres: no eres la imagen que tu tienes de ti mismo porque sólo ves tu ego. Tampoco eres lo que los demás ven y piensan de ti porque ellos te ven a través de los condicionamientos, especialmente los sociales. Tampoco eres lo que tienes porque eso ni siquiera te pertenece, lo tienes por prestado. Tampoco eres tus obras porque ellas tienen vida propia y son del mundo. En resumen, tu eres tu camino, y si quieres cumplir con tu destino ¡comienza a caminar!
Maestro, quiero ser rico. Dame un consejo! Quieres ser rico? Abre tus ojos y mira y ve el bello color verde del prado que te rodean, abre tus oídos y escucha y oye el murmullo de la brisa en las hojas de los arboles, abre tus narices y huele el aroma a tierra mojada por el rocío matinal, abre tus manos y siente el frío del día que comienza… Pero haciendo todo eso apenas seré un poeta y nunca llegare a ser rico!!!!! Precisamente, si no lo haces, nunca lo serás; y si lo haces, habrás preparado tus sentidos para reconocer la riqueza en cualquier situación que te encuentres y aprenderás a guardarla para ti
"Escoja un trabajo que ame y no tendrá que trabajar ni un solo día en su vida". (Confucio)
No hay decisiones sin importancia: "El simple aleteo de una mariposa puede provocar un huracán del otro lado del mundo"
"El que domina a los otros es fuerte; el que se domina a sí mismo es poderoso" Lao-tsé
"Cuando veáis a un hombre sabio, pensad en igualar sus virtudes. Cuando veáis un hombre desprovisto de virtud, examinaos vosotros mismos" Confucio.
"El más elevado tipo de hombre, es el que obra antes de hablar y practica lo que profesa" Confucio.
"El sabio no enseña con palabras, sino con actos" Lao-tsé
————————————————————
DIÁLOGOS PARA PENSAR
Maestro, en varias partes del mundo hay conatos de guerra o guerra declarada. Que sucede? Acaso tienen razón los profetas y estamos en los días finales? Hijo, la humanidad desde que apareció ha estado en sus días finales. Lo que sucede no es nada nuevo. Mira y aprende: se amenazan, se mataran, y los sobrevivientes juraran que es la ultima guerra, y organizaran foros y crearan burocracias y darán discursos de paz, mientras sus ayudantes preparan en silencio la próxima Guerra. El humano es un animal lúdico: le gusta jugar, y su juego favorito es la guerra
Maestro, ¿hasta qué punto debo tomar en cuenta los consejos y la opinión de los demás? Hijo, los consejos siempre debes considerarlos, aunque sea para desecharlos, porque son la expresión de la experiencia ajena. En cuanto a las opiniones, nunca las consideres porque sólo expresan los intereses del que los da. A todo lo que venga de otro, declaraciones, opiniones, consejos, primero pásalos por el filtro de la razón y luego por el de tus propios intereses; en seguida, puedes usarlos o no
Maestro, desde una perspectiva zen, al final ¿Quién soy yo? Hij@, Es más fácil decirte quien no eres: no eres la imagen que tu tienes de ti mismo porque sólo ves tu ego. Tampoco eres lo que los demás ven y piensan de ti porque ellos te ven a través de los condicionamientos, especialmente los sociales. Tampoco eres lo que tienes porque eso ni siquiera te pertenece, lo tienes por prestado. Tampoco eres tus obras porque ellas tienen vida propia y son del mundo. En resumen, tu eres tu camino, y si quieres cumplir con tu destino ¡comienza a caminar!
Maestro, quiero ser rico. Dame un consejo! Quieres ser rico? Abre tus ojos y mira y ve el bello color verde del prado que te rodean, abre tus oídos y escucha y oye el murmullo de la brisa en las hojas de los arboles, abre tus narices y huele el aroma a tierra mojada por el rocío matinal, abre tus manos y siente el frío del día que comienza… Pero haciendo todo eso apenas seré un poeta y nunca llegare a ser rico!!!!! Precisamente, si no lo haces, nunca lo serás; y si lo haces, habrás preparado tus sentidos para reconocer la riqueza en cualquier situación que te encuentres y aprenderás a guardarla para ti
sábado, 12 de noviembre de 2016
La prueba
Estaba el Buda meditando en la espesura junto a sus discípulos, cuando se acercó un detractor espiritual que lo detestaba y aprovechando el momento de mayor concentración del Buda, lo insultó lo escupió y le arrojó tierra.
Buda salió del trance al instante y con una sonrisa plácida envolvió con compasión al agresor; sin embargo, los discípulos reaccionaron violentamente, atraparon al hombre y alzando palos y piedras, esperaron la orden del Buda para darle su merecido.
Buda en un instante percibe la totalidad de la situación, y les ordena a los discípulos, que suelten al hombre y se dirige a este con suavidad y convicción diciéndole:
-“Mire lo que usted generó en nosotros, nos expuso como un espejo muestra el verdadero rostro. Desde ahora le pido por favor que venga todos los días, a probar nuestra verdad o nuestra hipocresía. Usted vio que en un instante yo lo llené de amor, pero estos hombres que hace años me siguen por todos lados meditando y orando, demuestran no entender ni vivir el proceso de la unidad y quisieron responder con una agresión similar o mayor a la recibida.
Regrese siempre que desee, usted es mi invitado de honor. Todo insulto suyo será bien recibido, como un estímulo para ver si vibramos alto, o es sólo un engaño de la mente esto de ver la unidad en todo”.
Cuando escucharon esto, tanto los discípulos como el hombre, se retiraron de la presencia del Buda rápidamente, llenos de culpa, cada uno percibiendo la lección de grandeza del maestro y tratando de escapar de su mirada y de la vergüenza interna.
A la mañana siguiente, el agresor, se presentó ante Buda, se arrojó a sus pies y le dijo en forma muy sentida.
No pude dormir en toda la noche, la culpa es muy grande, le suplico que me perdone y me acepte junto a Usted”
Buda con una sonrisa en el rostro, le dijo: “Usted es libre de quedarse con nosotros, ya mismo; pero no puedo perdonarlo”
El hombre muy compungido, le pidió que por favor lo hiciera, ya que él era el maestro de la compasión, a lo que el Buda respondió:
-“Entiéndame, claramente, para que alguien perdone, debe haber un ego herido; solo el ego herido, la falsa creencia de que uno es la personalidad, ese es quien puede perdonar, después de haber odiado, o resentido, se pasa a un nivel de cierto avance, con una trampa incluida, que es la necesidad de sentirse espiritualmente superior, a aquel que en su bajeza mental nos hirió. Solo alguien que sigue viendo la dualidad, y se considera a sí mismo muy sabio, perdona, a aquel ignorante que le causó una herida”.
Y continuó: “No es mi caso, yo lo veo como un alma afín, no me siento superior, no siento que me hayas herido, solo tengo amor en mi corazón por usted, no puedo perdonarlo, solo lo amo. Quien ama, ya no necesita perdonar.”
El hombre no pudo disimular una cierta desilusión, ya que las palabras de Buda eran muy profundas para ser captadas por una mente llena todavía de turbulencia y necesidad, y ante esa mirada carente, el Buda añadió con comprensión infinita:
-“Percibo lo que le pasa, vamos a resolverlo: Para perdonar, ya sabemos que necesitamos a alguien dispuesto a perdonar. Vamos a buscar a los discípulos, en su soberbia están todavía llenos de rencor, y les va a gustar mucho que usted les pida perdón. En su ignorancia se van a sentir magnánimos por perdonarlo, poderosos por darle su perdón, y usted también va a estar contento y tranquilo por recibirlo, va a sentir un reaseguro en su ego culposo, y así más o menos todos quedarán contentos y seguiremos meditando en el bosque, como si nada hubiera pasado”
Buda salió del trance al instante y con una sonrisa plácida envolvió con compasión al agresor; sin embargo, los discípulos reaccionaron violentamente, atraparon al hombre y alzando palos y piedras, esperaron la orden del Buda para darle su merecido.
Buda en un instante percibe la totalidad de la situación, y les ordena a los discípulos, que suelten al hombre y se dirige a este con suavidad y convicción diciéndole:
-“Mire lo que usted generó en nosotros, nos expuso como un espejo muestra el verdadero rostro. Desde ahora le pido por favor que venga todos los días, a probar nuestra verdad o nuestra hipocresía. Usted vio que en un instante yo lo llené de amor, pero estos hombres que hace años me siguen por todos lados meditando y orando, demuestran no entender ni vivir el proceso de la unidad y quisieron responder con una agresión similar o mayor a la recibida.
Regrese siempre que desee, usted es mi invitado de honor. Todo insulto suyo será bien recibido, como un estímulo para ver si vibramos alto, o es sólo un engaño de la mente esto de ver la unidad en todo”.
Cuando escucharon esto, tanto los discípulos como el hombre, se retiraron de la presencia del Buda rápidamente, llenos de culpa, cada uno percibiendo la lección de grandeza del maestro y tratando de escapar de su mirada y de la vergüenza interna.
A la mañana siguiente, el agresor, se presentó ante Buda, se arrojó a sus pies y le dijo en forma muy sentida.
No pude dormir en toda la noche, la culpa es muy grande, le suplico que me perdone y me acepte junto a Usted”
Buda con una sonrisa en el rostro, le dijo: “Usted es libre de quedarse con nosotros, ya mismo; pero no puedo perdonarlo”
El hombre muy compungido, le pidió que por favor lo hiciera, ya que él era el maestro de la compasión, a lo que el Buda respondió:
-“Entiéndame, claramente, para que alguien perdone, debe haber un ego herido; solo el ego herido, la falsa creencia de que uno es la personalidad, ese es quien puede perdonar, después de haber odiado, o resentido, se pasa a un nivel de cierto avance, con una trampa incluida, que es la necesidad de sentirse espiritualmente superior, a aquel que en su bajeza mental nos hirió. Solo alguien que sigue viendo la dualidad, y se considera a sí mismo muy sabio, perdona, a aquel ignorante que le causó una herida”.Y continuó: “No es mi caso, yo lo veo como un alma afín, no me siento superior, no siento que me hayas herido, solo tengo amor en mi corazón por usted, no puedo perdonarlo, solo lo amo. Quien ama, ya no necesita perdonar.”
El hombre no pudo disimular una cierta desilusión, ya que las palabras de Buda eran muy profundas para ser captadas por una mente llena todavía de turbulencia y necesidad, y ante esa mirada carente, el Buda añadió con comprensión infinita:
-“Percibo lo que le pasa, vamos a resolverlo: Para perdonar, ya sabemos que necesitamos a alguien dispuesto a perdonar. Vamos a buscar a los discípulos, en su soberbia están todavía llenos de rencor, y les va a gustar mucho que usted les pida perdón. En su ignorancia se van a sentir magnánimos por perdonarlo, poderosos por darle su perdón, y usted también va a estar contento y tranquilo por recibirlo, va a sentir un reaseguro en su ego culposo, y así más o menos todos quedarán contentos y seguiremos meditando en el bosque, como si nada hubiera pasado”
Esto también pasará
Hubo una vez un rey que dijo a los sabios de la corte:
Me estoy fabricando un precioso anillo. He conseguido uno de los
mejores diamantes posibles. Quiero guardar oculto dentro del anillo
algún mensaje que pueda ayudarme en momentos de desesperación
total, y que ayude a mis herederos, y a los herederos de mis
herederos, para siempre. Tiene que ser un mensaje pequeño, de
manera que quepa debajo del diamante del anillo.
Todos quienes escucharon eran sabios, grandes eruditos; podrían
haber escrito
grandes tratados, pero darle un mensaje de no más de dos o tres
palabras que
le pudieran ayudar en momentos de desesperación total... Pensaron,
buscaron en sus libros, pero no podían encontrar nada.
El rey tenía un anciano sirviente que también había sido sirviente
de su padre.
La madre del rey murió pronto y este sirviente cuidó de él, por tanto, lo trataba
como si fuera de la familia. El rey sentía un inmenso respeto por
el anciano,
de modo que también lo consultó. Y éste le dijo:
No soy un sabio, ni un erudito, ni un académico, pero conozco el
mensaje. Durante mi larga vida en palacio, me he encontrado con
todo tipo de gente, y en una ocasión me encontré con un místico.
Era invitado de tu padre y yo estuve a su servicio. Cuando se iba,
como gesto de agradecimiento, me dio este mensaje -el anciano lo
escribió en un diminuto papel, lo dobló y se lo dio al rey-. Pero
no lo leas -le dijo- manténlo escondido en el anillo. Abrelo sólo
cuando todo lo demás haya fracasado, cuando no encuentres salida a
la situación-
Ese momento no tardó en llegar. El país fue invadido y el rey
perdió el reino.
Estaba huyendo en su caballo para salvar la vida y sus enemigos lo
perseguían.
Estaba solo y los perseguidores eran numerosos. Llegó a un lugar
donde el camino se acababa, no había salida: enfrente había un
precipicio y un profundo valle; caer por él sería el fin. Y no
podía volver porque el enemigo le cerraba el
camino. Ya podía escuchar el trotar de los caballos. No podía
seguir hacia
delante y no había ningún otro camino...
De repente, se acordó del anillo. Lo abrió, sacó el papel y allí
encontró un
pequeño mensaje tremendamente valioso: Simplemente decía "ESTO
TAMBIEN PASARA".
Mientras leía "esto también pasará" sintió que se cernía sobre él
un gran silencio. Los enemigos que le perseguían debían haberse
perdido en el bosque, o debían haberse equivocado de camino, pero
lo cierto es que poco a poco dejó de escuchar el trote de los
caballos.
El rey se sentía profundamente agradecido al sirviente y al místico
desconocido. Aquellas palabras habían resultado milagrosas. Dobló
el papel, volvió a ponerlo en el anillo, reunió a sus ejércitos y
reconquistó el reino. Y el día que entraba de nuevo victorioso en
la capital hubo una gran celebración con música, bailes... y él se
sentía muy orgulloso de sí mismo.
El anciano estaba a su lado en el carro y le dijo:
Este momento también es adecuado: vuelve a mirar el mensaje.
-¿Qué quieres decir? -preguntó el rey-. Ahora estoy victorioso, la
gente celebra mi vuelta, no estoy desesperado, no me encuentro en
una situación sin salida.
Escucha -dijo el anciano-: este mensaje no es sólo para
situaciones desesperadas; también es para situaciones placenteras.
No es sólo para cuando estás derrotado; también es para cuando te
sientes victorioso. No es sólo para cuando eres el último; también
es para cuando eres el primero.
El rey abrió el anillo y leyó el mensaje: "Esto también pasará", y
nuevamente
sintió la misma paz, el mismo silencio, en medio de la muchedumbre
que celebraba y bailaba, pero el orgullo, el ego, había
desaparecido. El rey pudo terminar de comprender el mensaje. Se
había iluminado.
Entonces el anciano le dijo:
Recuerda que todo pasa. Ninguna cosa ni ninguna emoción son
permanentes. Como el día y la noche, hay momentos de alegría y
momentos de tristeza. Acéptalos como parte de la dualidad de la
naturaleza porque son la naturaleza misma de las cosas.
Me estoy fabricando un precioso anillo. He conseguido uno de los
mejores diamantes posibles. Quiero guardar oculto dentro del anillo
algún mensaje que pueda ayudarme en momentos de desesperación
total, y que ayude a mis herederos, y a los herederos de mis
herederos, para siempre. Tiene que ser un mensaje pequeño, de
manera que quepa debajo del diamante del anillo.
Todos quienes escucharon eran sabios, grandes eruditos; podrían
haber escrito
grandes tratados, pero darle un mensaje de no más de dos o tres
palabras que
le pudieran ayudar en momentos de desesperación total... Pensaron,
buscaron en sus libros, pero no podían encontrar nada.
El rey tenía un anciano sirviente que también había sido sirviente
de su padre.
La madre del rey murió pronto y este sirviente cuidó de él, por tanto, lo trataba
como si fuera de la familia. El rey sentía un inmenso respeto por
el anciano,
de modo que también lo consultó. Y éste le dijo:
No soy un sabio, ni un erudito, ni un académico, pero conozco el
mensaje. Durante mi larga vida en palacio, me he encontrado con
todo tipo de gente, y en una ocasión me encontré con un místico.
Era invitado de tu padre y yo estuve a su servicio. Cuando se iba,
como gesto de agradecimiento, me dio este mensaje -el anciano lo
escribió en un diminuto papel, lo dobló y se lo dio al rey-. Pero
no lo leas -le dijo- manténlo escondido en el anillo. Abrelo sólo
cuando todo lo demás haya fracasado, cuando no encuentres salida a
la situación-
Ese momento no tardó en llegar. El país fue invadido y el rey
perdió el reino.
Estaba huyendo en su caballo para salvar la vida y sus enemigos lo
perseguían.
Estaba solo y los perseguidores eran numerosos. Llegó a un lugar
donde el camino se acababa, no había salida: enfrente había un
precipicio y un profundo valle; caer por él sería el fin. Y no
podía volver porque el enemigo le cerraba el
camino. Ya podía escuchar el trotar de los caballos. No podía
seguir hacia
delante y no había ningún otro camino...
De repente, se acordó del anillo. Lo abrió, sacó el papel y allí
encontró un
pequeño mensaje tremendamente valioso: Simplemente decía "ESTO
TAMBIEN PASARA".
Mientras leía "esto también pasará" sintió que se cernía sobre él
un gran silencio. Los enemigos que le perseguían debían haberse
perdido en el bosque, o debían haberse equivocado de camino, pero
lo cierto es que poco a poco dejó de escuchar el trote de los
caballos.
El rey se sentía profundamente agradecido al sirviente y al místico
desconocido. Aquellas palabras habían resultado milagrosas. Dobló
el papel, volvió a ponerlo en el anillo, reunió a sus ejércitos y
reconquistó el reino. Y el día que entraba de nuevo victorioso en
la capital hubo una gran celebración con música, bailes... y él se
sentía muy orgulloso de sí mismo.
El anciano estaba a su lado en el carro y le dijo:
Este momento también es adecuado: vuelve a mirar el mensaje.
-¿Qué quieres decir? -preguntó el rey-. Ahora estoy victorioso, la
gente celebra mi vuelta, no estoy desesperado, no me encuentro en
una situación sin salida.
Escucha -dijo el anciano-: este mensaje no es sólo para
situaciones desesperadas; también es para situaciones placenteras.
No es sólo para cuando estás derrotado; también es para cuando te
sientes victorioso. No es sólo para cuando eres el último; también
es para cuando eres el primero.
El rey abrió el anillo y leyó el mensaje: "Esto también pasará", y
nuevamente
sintió la misma paz, el mismo silencio, en medio de la muchedumbre
que celebraba y bailaba, pero el orgullo, el ego, había
desaparecido. El rey pudo terminar de comprender el mensaje. Se
había iluminado.
Entonces el anciano le dijo:
Recuerda que todo pasa. Ninguna cosa ni ninguna emoción son
permanentes. Como el día y la noche, hay momentos de alegría y
momentos de tristeza. Acéptalos como parte de la dualidad de la
naturaleza porque son la naturaleza misma de las cosas.
lunes, 7 de noviembre de 2016
Frases budistas para pensar
Muchas personas preferimos referirnos al budismo más como una filosofía de vida que como una
religión, teniendo como referencia las frases de Buda, sus máximas o sus textos como modo de vida.
El budismo es una de las religiones más antiguas que aún se practica por unos 200 millones de
personas en todo el mundo. Lo que ha facilitado que esta filosofía o religión perdure a lo largo del
tiempo y siga ganando seguidores.
La razón por la que el budismo tiene tanto seguidores es la sencillez en como trasmiten mensajes
llenos de sabiduría que permiten mejorar nuestra calidad de vida
Frases de Buda
No creáis nada por el simple hecho de que muchos lo crean o finjan que lo creen; creedlo después de
someterlo al dictamen de la razón y a la voz de la conciencia.
Tres cosas no se pueden esconder: el sol, la luna y la verdad.
Si cada día coges un puñado de arena, formarás una montaña
El mundo exterior es únicamente una manifestación de la mente en si misma. la mente lo capta como
un mundo exterior simplemente por su costumbre de seleccionar y de razonar falsamente. El discípulo debe hacerse el habito de observar la verdadera esencia de las cosas
Tu peor enemigo no te puede dañar tanto como tus propios pensamientos. Ni tu padre, ni tu madre,
ni tu amigo más querido, te pueden ayudar tanto como tu propia mente disciplinada
Todo lo que somos es el resultado de lo que hemos pensado; está fundado en nuestros pensamientos
y está hecho de nuestros pensamientos
El hombre que tiene miedo, busca refugio en los montes, en los bosques sagrados o en los templos.
Sin embargo tales refugios no sirven, pues allí donde vaya, sus pasiones y sus sufrimientos lo
acompañarán
Más grande que la conquista en batalla de mil veces mil hombres es la conquista de uno mismo
Sabios son aquellos que dominan el cuerpo, la palabra y la mente. Ellos son los verdaderos Maestros
Disfruta vigilando, cuida tu propia mente, sácate a ti mismo del camino de la miseria, como se hace
con el elefante que se ha metido en el barro
La verdad en si misma solo puede ser alcanzada dentro de uno mediante la más profunda meditación y conciencia
Aferrarse a la ira es como agarrarse a un carbón caliente con la intención de tirárselo a alguien; tú eres el que te quemas.
-Mantener el cuerpo sano es un deber… de lo contrario no seremos capaces de mantener nuestra
mente clara y fuerte.
-En cualquier batalla pierden vencedores y vencidos.
¿Eres un ángel? No - respondió -¿Acaso un santo? No - respondió -¿Entonces qué eres? Respondió el
Buda - Estoy despierto -
religión, teniendo como referencia las frases de Buda, sus máximas o sus textos como modo de vida.
El budismo es una de las religiones más antiguas que aún se practica por unos 200 millones de
personas en todo el mundo. Lo que ha facilitado que esta filosofía o religión perdure a lo largo del
tiempo y siga ganando seguidores.
La razón por la que el budismo tiene tanto seguidores es la sencillez en como trasmiten mensajes
llenos de sabiduría que permiten mejorar nuestra calidad de vida
Frases de Buda
No creáis nada por el simple hecho de que muchos lo crean o finjan que lo creen; creedlo después de
someterlo al dictamen de la razón y a la voz de la conciencia.
Tres cosas no se pueden esconder: el sol, la luna y la verdad.
Si cada día coges un puñado de arena, formarás una montaña
El mundo exterior es únicamente una manifestación de la mente en si misma. la mente lo capta como
un mundo exterior simplemente por su costumbre de seleccionar y de razonar falsamente. El discípulo debe hacerse el habito de observar la verdadera esencia de las cosas
Tu peor enemigo no te puede dañar tanto como tus propios pensamientos. Ni tu padre, ni tu madre,
ni tu amigo más querido, te pueden ayudar tanto como tu propia mente disciplinada
Todo lo que somos es el resultado de lo que hemos pensado; está fundado en nuestros pensamientos
y está hecho de nuestros pensamientos
El hombre que tiene miedo, busca refugio en los montes, en los bosques sagrados o en los templos.
Sin embargo tales refugios no sirven, pues allí donde vaya, sus pasiones y sus sufrimientos lo
acompañarán
Más grande que la conquista en batalla de mil veces mil hombres es la conquista de uno mismo
Sabios son aquellos que dominan el cuerpo, la palabra y la mente. Ellos son los verdaderos Maestros
Disfruta vigilando, cuida tu propia mente, sácate a ti mismo del camino de la miseria, como se hace con el elefante que se ha metido en el barro
La verdad en si misma solo puede ser alcanzada dentro de uno mediante la más profunda meditación y conciencia
Aferrarse a la ira es como agarrarse a un carbón caliente con la intención de tirárselo a alguien; tú eres el que te quemas.
-Mantener el cuerpo sano es un deber… de lo contrario no seremos capaces de mantener nuestra
mente clara y fuerte.
-En cualquier batalla pierden vencedores y vencidos.
¿Eres un ángel? No - respondió -¿Acaso un santo? No - respondió -¿Entonces qué eres? Respondió el
Buda - Estoy despierto -
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
